
Por norma general, lo bueno no suele durar. Y así fue, desgraciadamente. Dos años después de su primer disco, en 2005, Pastora volvían con
La vida moderna, perdiendo por el camino muchas cosas, esencialmente frescura.
Incomprensiblemente Dolo abandonó su acento andaluz, que le daba un tono muy particular a las canciones del primer disco, y también perdió en las letras, perdió inspiración, perdió ese toque cinematográfico y urbano, esa capacidad de contar historias, perdió gracia y lírica.
Musicalmente, radicalizaron posiciones, con temas muy acústicos y orgánicos por un lado, y temas muy electrónicos por otro, dejando atrás ese estilo ecléctico que les había caracterizado tan bien y que parecía ser hasta entonces el sello del grupo. El problema de esto, es que quedó un disco con muchos altibajos, muy dispar de tema a tema. Los temas más acústicos resultaban muy corrientes y estereotipados, el primer single
Desolado no era más que la típica balada a piano, lo mismo que ocurría con
Y que pasa si soy del montón o
Los bichos, otros dos temas muy mediocres, a pesar de la letra. Los temas electrónicos adolecían en general de una extraproducción que les restaba inmediatez y ese toque ecléctico tan marcado en el primer disco. Siendo una lástima ver como se desaprovecharon temas como
Día tonto, con ese inicio tan redondo, que termina cayendo picado a lo largo de la canción, o como en
Perder el tiempo se echa a perder una letra bastante decente, fallando totalmente la parte musical.
Realmente, se salvan muy pocos temas de este disco, sólo
Invasión y
El Mundo Interior proponen cosas interesantes, sumándoles
No se puede más y
El azar no perdona por ser dos piezas electrónicas muy resultonas cada una en su estilo, y salvando
in extremis Archivo de palabras tristes y
Tu siesta porque al fin y al cabo funcionan perfectamente abriendo y cerrando el disco respectivamente.
En definitiva, un bache considerable y una pretendida evolución que reveló en el fondo que no tenían muy claro hacia donde tirar.
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