No se me ocurre un título más apropiado que Summertime para el EP debut de estos chicos de Brooklyn, porque si algo tiene la música que hacen, es un claro ambiente veraniego, playero, incluso californiano. La ironía es que el EP llegó pasado el verano de 2009, pero no vino mal para poder alargarlo un poco, y más teniendo en cuenta el invierno que hemos tenido.
Cuestiones anímicas aparte, el disco abre con su canción estrella Let's go surfing, pegadiza hasta decir basta y con silbidos incluidos; y a lo largo del EP hay sitio para todo, para ponerse un poco shoegazers con esos teclados de Submarine, soltar una balada de rock clásico en Down by the water, hacer algo medio punk en Saddest summer y recordar otro tanto a The cure en I felt stupid. Todo desde un punto de vista bastante minimalista, a lo The XX, pero sólo por lo minimalista, porque por lo demás no se parecen en nada.
El 7 de junio sacan su disco debut, del que ya se han escuchado dos nuevos singles: Best Friend y Forever and ever, amen. El primero les acerca a Vampire Weekend y el segundo recuerda bastante a The Cure o The Smiths, y me gusta mucho más, todo sea dicho. El disco también incluirá Let's go surfing y las expectativas son bastante altas. Ya veremos cómo acaba todo.
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Lo primero que pensé cuando escuché este disco fue lo que se parecía a Apparat. Claro… cómo no se va a parecer, si es él. A buenas horas he ido yo a descubrir que Moderat viene de la unión de Modeselektor y Apparat.
Si a estas alturas has escuchado y te gusta Apparat y/o Modeselektor, sería extraño que este disco no te gustase, ya que tiene todos y cada de los ingredientes que caracterizan su música: paisajes sonoros y ambientes etéreos de IDM (A new error, 3 minutes of, Nasty silence, Porc #1 y Porc #2), otro tanto de dubstep (Rusty nails, Out of sight), minimal (Sea monkey), techno (Les grandes marches, No. 22), y dub o hip hop o dancehall (Slow match, Sick with it y Beatswaysick) donde se nota más la aportación de Modeselektor, ya que la aproximación a estos estilos sea quizás el único punto diferenciador entre el trabajo de Apparat y Modeselektor por separado.
Es disco incluye también (para cerrar) el remix de Rusty nails por parte de Shackleton, alejando el tema del dubstep más obvio y haciéndolo más oscuro si cabe.
En resumen, una (otra) joyita muy interesante.
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Si a estas alturas has escuchado y te gusta Apparat y/o Modeselektor, sería extraño que este disco no te gustase, ya que tiene todos y cada de los ingredientes que caracterizan su música: paisajes sonoros y ambientes etéreos de IDM (A new error, 3 minutes of, Nasty silence, Porc #1 y Porc #2), otro tanto de dubstep (Rusty nails, Out of sight), minimal (Sea monkey), techno (Les grandes marches, No. 22), y dub o hip hop o dancehall (Slow match, Sick with it y Beatswaysick) donde se nota más la aportación de Modeselektor, ya que la aproximación a estos estilos sea quizás el único punto diferenciador entre el trabajo de Apparat y Modeselektor por separado.
Es disco incluye también (para cerrar) el remix de Rusty nails por parte de Shackleton, alejando el tema del dubstep más obvio y haciéndolo más oscuro si cabe.
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No sé por qué siempre asocio a The Big Pink con The XX, quizás sea porque los debuts de ambos salieron con apenas un mes de diferencia y por comentarios en distintas webs de unos y otros he terminado uniéndolos inconscientemente. La verdad es que la música de ambos grupos poco tiene que ver, excepto en la oscuridad de su sonido, siendo más bien contrapuntos bastante distantes.
Lo que tienen The XX de minimalistas, lo tienen The Big Pink de recargados. Lo suyo podría englobarse como rock electrónico y a veces me recuerdan a Kasabian y, por regla de tres, a Primal Scream (sobre todo en la etérea Too young to love, Dominos, Frisk y Tonight), pero también tienen tiempo para baladas a lo The Jesus and Mary Chain (Crystal visions y Love in vain) o para ponerse shoegazers (At war with the sun).
El disco mantiene el tipo hasta Velvet, sexto tema y segundo sencillo antes de que saliera el disco, que fue presentado oficialmente con el sencillo Dominos, quizás el tema más representativo. Pero luego decae bastante con Golden pendulum, Frisk, A brief history of love y Tonight, por mucho que hayan querido reivindicarla como single, para terminar desinflado del todo con Countbackwards from ten.
Una lástima, porque el principio promete bastante.
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Lo que tienen The XX de minimalistas, lo tienen The Big Pink de recargados. Lo suyo podría englobarse como rock electrónico y a veces me recuerdan a Kasabian y, por regla de tres, a Primal Scream (sobre todo en la etérea Too young to love, Dominos, Frisk y Tonight), pero también tienen tiempo para baladas a lo The Jesus and Mary Chain (Crystal visions y Love in vain) o para ponerse shoegazers (At war with the sun).
El disco mantiene el tipo hasta Velvet, sexto tema y segundo sencillo antes de que saliera el disco, que fue presentado oficialmente con el sencillo Dominos, quizás el tema más representativo. Pero luego decae bastante con Golden pendulum, Frisk, A brief history of love y Tonight, por mucho que hayan querido reivindicarla como single, para terminar desinflado del todo con Countbackwards from ten.
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Tras la avalancha de Goyas que le dieron en pasado domingo, por fin tuve la oportunidad de ver la última película de Daniel Monzón.
No esperaba nada más allá de un buen thriller carcelario y eso es lo que encontré. La historia supongo que todos la conocéis. El protagonista, Juan, acude a la cárcel en la que va a empezar a trabajar como funcionario de prisiones un día antes para ver cómo funciona todo, sufre un accidente quedando inconsciente y sus futuros compañeros deciden llevarle a la celda 211 para reanimarle, pero justo en ese momento empieza un motín y tienen que huir dejándole allí. Al despertar, Juan no tiene más remedio que hacerse pasar por un preso más para sobrevivir entre los presos amotinados.
La película, más allá de tratar el tema de las prisiones y las condiciones en las que permanecen los presos, de una manera más o menos verosímil; es una película sobre las miserias humanas, sobre el instinto de supervivencia, y sobre cómo cualquiera puede terminar siendo un asesino si las circunstancias externas le presionan lo suficiente o le llevan a situaciones en las que ya no tiene nada más que perder.
En cuanto a las actuaciones, Luis Tosar y Alberto Ammann se convierten en un dúo de actores que, con sus respectivos personajes, se complementan a la perfección. Y la película va tomando poco a poco un ambiente apocalíptico que termina exactamente como debe hacerlo.
Otra cosa sería entrar a valorar si realmente merece tantos premios y haberse convertido en la mejor película española de 2009, pero sin querer entrar al trapo, sólo puedo decir que es una buena película en su género y como película en general, gracias sobretodo a un tratamiento medianamente profundo de los personajes, que la aleja de ser una película de acción sin más.
No esperaba nada más allá de un buen thriller carcelario y eso es lo que encontré. La historia supongo que todos la conocéis. El protagonista, Juan, acude a la cárcel en la que va a empezar a trabajar como funcionario de prisiones un día antes para ver cómo funciona todo, sufre un accidente quedando inconsciente y sus futuros compañeros deciden llevarle a la celda 211 para reanimarle, pero justo en ese momento empieza un motín y tienen que huir dejándole allí. Al despertar, Juan no tiene más remedio que hacerse pasar por un preso más para sobrevivir entre los presos amotinados.
La película, más allá de tratar el tema de las prisiones y las condiciones en las que permanecen los presos, de una manera más o menos verosímil; es una película sobre las miserias humanas, sobre el instinto de supervivencia, y sobre cómo cualquiera puede terminar siendo un asesino si las circunstancias externas le presionan lo suficiente o le llevan a situaciones en las que ya no tiene nada más que perder.
En cuanto a las actuaciones, Luis Tosar y Alberto Ammann se convierten en un dúo de actores que, con sus respectivos personajes, se complementan a la perfección. Y la película va tomando poco a poco un ambiente apocalíptico que termina exactamente como debe hacerlo.
Otra cosa sería entrar a valorar si realmente merece tantos premios y haberse convertido en la mejor película española de 2009, pero sin querer entrar al trapo, sólo puedo decir que es una buena película en su género y como película en general, gracias sobretodo a un tratamiento medianamente profundo de los personajes, que la aleja de ser una película de acción sin más.
Hace un par de semanas que la vi y aun no había encontrado el momento de hablar de ella... Y es que me dejó bastante frio. A ver, la música está muy bien y tiene momentos geniales, pero que la segunda mitad de peli sea de bajón... pues hace que salgas de verla de bajón (y con cierto sueño además).Trata sobre un director de cine italiano de sobre los años... ¿50?, que, preparándose para empezar a rodar una nueva película, se queda sin inspiración y rememora las mujeres importantes de su vida; sus musas.
Por lo visto, es la versión cinematográfica del musical basado en la película de Fellini Otto e Mezzo (que digo yo que habrá que ver también... por criticar con argumentos, más que nada).
Pero bueno, yo lo que te decía, que me quedo con la primera mitad de peli (especialmente la canción de la chica de la playa) y con la estética cine-de-autor-años-nosecuantos (muy interesante también), pero en general creo que esperaba un poco más (porque dejarle a uno sin canción final apoteósica me parece un pecado, sinceramente).
Ah! Y si lo que esperas es ver actuar a Nicole, Pé o Sophia, que sepas que cada una sale como diez minutos en total.
Con su anterior trabajo, It's never been like that, se convirtieron en el grupo con las melodías más frescas e inmediatas del momento, y tres años después tenían que revalidar el éxito que tuvieron con aquel trabajo.
Wolfgang Amadeus Phoenix tiene mucho de aquella frescura, pero también bastante de la electrónica y el funk de los inicios del grupo. Como en una especie de resumen de su carrera, en el que el máximo exponente sería el single 1901, Phoenix han sabido ir un paso más allá y además, han hecho que parezca fácil. Porque sí, uno puede pensar que la música de estos cuatro franceses es facilona y sin pretensiones, pero nadie más hace lo que hacen con tanta eficiencia.
En esta ocasión, a temas inmediatos que beben directamente de lo que fue su anterior trabajo, como Lisztomania, Lasso, Rome, Countdown o Girlfriend, se le unen temas esencialmente electrónicos como Fences o las dos partes de la instrumental Love like a sunset, quedando 1901 y Armistice como un paso a medio camino entre lo que fueron en United, su debut, y lo que son ahora.
No ha sido una gran sorpresa, como la que dieron hace tres años, pero sin duda es un disco interesante.
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Wolfgang Amadeus Phoenix tiene mucho de aquella frescura, pero también bastante de la electrónica y el funk de los inicios del grupo. Como en una especie de resumen de su carrera, en el que el máximo exponente sería el single 1901, Phoenix han sabido ir un paso más allá y además, han hecho que parezca fácil. Porque sí, uno puede pensar que la música de estos cuatro franceses es facilona y sin pretensiones, pero nadie más hace lo que hacen con tanta eficiencia.
En esta ocasión, a temas inmediatos que beben directamente de lo que fue su anterior trabajo, como Lisztomania, Lasso, Rome, Countdown o Girlfriend, se le unen temas esencialmente electrónicos como Fences o las dos partes de la instrumental Love like a sunset, quedando 1901 y Armistice como un paso a medio camino entre lo que fueron en United, su debut, y lo que son ahora.
No ha sido una gran sorpresa, como la que dieron hace tres años, pero sin duda es un disco interesante.
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True No 9 Blues (True Romance) se convirtió nada más escucharlo en uno de esos singles que te atrapa y te obliga a escuchar el resto del disco debut de este trío londinense. Un tema tan funky y con semejante vídeo apuntaba maneras, vaya que sí.
La sorpresa es que el rollito funky del single no vuelve a aparecer hasta el penúltimo tema, Arrows of Eros, y el resto de canciones va desde el glam-rock de Another universe o Queen of the 21st century, pasando por el brit-pop de Magic Touch, el casi trip-hop de la balada My love is a seed that doesn't grow, el swing de Here comes the king, el rock sucio y psicodélico de Shakes, medios tiempos más o menos convencionales como Please Venus, y perfectas baladas de cierre como Fade to black.
Les han comparado con Prince, Bowie o Scissor Sisters, pero realmente es complicado hablar de una referencia clara en un disco tan ecléctico, que tiene a su vez un orden de temas bastante cuidado, haciéndolo bastante compacto y coherente a pesar de tocar tantos palos.
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La sorpresa es que el rollito funky del single no vuelve a aparecer hasta el penúltimo tema, Arrows of Eros, y el resto de canciones va desde el glam-rock de Another universe o Queen of the 21st century, pasando por el brit-pop de Magic Touch, el casi trip-hop de la balada My love is a seed that doesn't grow, el swing de Here comes the king, el rock sucio y psicodélico de Shakes, medios tiempos más o menos convencionales como Please Venus, y perfectas baladas de cierre como Fade to black.
Les han comparado con Prince, Bowie o Scissor Sisters, pero realmente es complicado hablar de una referencia clara en un disco tan ecléctico, que tiene a su vez un orden de temas bastante cuidado, haciéndolo bastante compacto y coherente a pesar de tocar tantos palos.
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A lo tonto, el dúo formado por la cantante Eleanor Jackson y el productor Ben Langmaid, lleva cuatro singles de su disco debut: In for the kill, Quicksand, Bulletproof y I'm not your toy. A los que perfectamente se podrían añadir otros temas del disco como Tigerlily, As if by magic o Fascination.
Se nota la mano de un productor como Ben Langmaid tras este trabajo, porque si algo tiene este disco es una producción muy cuidada. Se nota que saben lo que quieren hacer y saben hacerlo. Se han subido al carro del electro ochentero, y el parecido entre la voz y el aspecto de Elly y Annie Lennox no debe ser casual.
2009 ha sido el año en el que Reino Unido se ha llenado de candidatas a nueva reina del electropop, y La Roux se ha convertido poco a poco en la propuesta que más me ha convencido. Tienen buenas canciones, una voz peculiar y una imagen muy cuidada y, consciente de que es música efímera que dentro de unos años nadie escuchará porque estará pasadísima de moda, quizás sea de las pocas en las que pongo cierta esperanza de saber reinventarse en el futuro.
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Se nota la mano de un productor como Ben Langmaid tras este trabajo, porque si algo tiene este disco es una producción muy cuidada. Se nota que saben lo que quieren hacer y saben hacerlo. Se han subido al carro del electro ochentero, y el parecido entre la voz y el aspecto de Elly y Annie Lennox no debe ser casual.
2009 ha sido el año en el que Reino Unido se ha llenado de candidatas a nueva reina del electropop, y La Roux se ha convertido poco a poco en la propuesta que más me ha convencido. Tienen buenas canciones, una voz peculiar y una imagen muy cuidada y, consciente de que es música efímera que dentro de unos años nadie escuchará porque estará pasadísima de moda, quizás sea de las pocas en las que pongo cierta esperanza de saber reinventarse en el futuro.
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Atlas sound o lo que es lo mismo, el proyecto en solitario de Bradford Cox, cantante de Deerhunter, se consolida con este disco como algo más que un seudónimo con el que su autor daba rienda suelta a sus ocurrencias más experimentales.
Bradford da continuidad a Let the blind lead those who can see but cannot feel con un formato más accesible, centrándose más en las canciones y dándoles forma, alejándose de los cortos experimentos instrumentales de su debut.
No en vano, en este disco encontramos temas con una estructura claramente pop, como Shelia o Walkabout, en el que colabora con Noah Lennox de Animal Collective. Aunque el disco es en esencia una colección de temas etéreos y psicodélicos a medio camino entre el folk y la electrónica, entre los que destacan, además de los dos temas mencionados, otros como Quick canal, en el que colabora con Laetitia Sadier de Stereolab; Criminals o Logos, cerrando y dando nombre al disco. Y en el que el resto de temas sirven como perfecto envoltorio.
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Bradford da continuidad a Let the blind lead those who can see but cannot feel con un formato más accesible, centrándose más en las canciones y dándoles forma, alejándose de los cortos experimentos instrumentales de su debut.
No en vano, en este disco encontramos temas con una estructura claramente pop, como Shelia o Walkabout, en el que colabora con Noah Lennox de Animal Collective. Aunque el disco es en esencia una colección de temas etéreos y psicodélicos a medio camino entre el folk y la electrónica, entre los que destacan, además de los dos temas mencionados, otros como Quick canal, en el que colabora con Laetitia Sadier de Stereolab; Criminals o Logos, cerrando y dando nombre al disco. Y en el que el resto de temas sirven como perfecto envoltorio.
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La verdad es que la música cambia mucho en función de cómo te acerques a ella y la utilidad que pretendas darle. El tercer (y el primero, y el segundo) disco de Kings of convenience es (son) un claro ejemplo de que no es necesario estar en la vanguardia sonora para deleitar y servir perfectamente para un determinado propósito.
Con Kings of convenience me pasa tres cuartos de lo mismo que me pasa con Air, están ahí porque de vez en cuando necesito escuchar algo agradable y relajante, y poco importa que a estas alturas repitan fórmula y saquen una colección de temas nuevos, perfectamente intercambiables por cualquiera de los temas de sus anteriores discos. No inventan nada, pero lo que hacen sólo lo hacen ellos.
Nada importa cuando suenan las primeras notas de Boat behind o Peacetime Resistance y todos los problemas se diluyen y se olvidan. Nada importa cuando le das al play y una nueva colección de folk y bossa, guitarras y otras cuerdas, se unen en un magnífico conjunto pensado simplemente para disfrutar.
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Con Kings of convenience me pasa tres cuartos de lo mismo que me pasa con Air, están ahí porque de vez en cuando necesito escuchar algo agradable y relajante, y poco importa que a estas alturas repitan fórmula y saquen una colección de temas nuevos, perfectamente intercambiables por cualquiera de los temas de sus anteriores discos. No inventan nada, pero lo que hacen sólo lo hacen ellos.
Nada importa cuando suenan las primeras notas de Boat behind o Peacetime Resistance y todos los problemas se diluyen y se olvidan. Nada importa cuando le das al play y una nueva colección de folk y bossa, guitarras y otras cuerdas, se unen en un magnífico conjunto pensado simplemente para disfrutar.
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Quizá si este disco no hubiese venido precedido por Chunk of change, el primer e imprescindible EP de la banda, todo hubiese sido distinto. Y es que el cambio de registro musical del EP al disco es considerable, pasando de una indietrónica notable a un peculiar pop electrónico que a mi no me convence del mismo modo.
Peor todavía fue que el primer single del disco fuese The reeling, un auténtico temazo para bailar hasta desfallecer, que está muy por encima del resto del disco y que provocó unas expectativas desmesuradas difíciles de satisfacer.
Todavía presa de aquella primera desilusión, no consigo hacerme con el debut de estos chicos de Massachussets, a pesar de que el disco no deja de ser una interesante colección de buenos temas pop, en la que los primeros cuatro temas: Make light, Little secrets, Moth's wings y The reeling; entran con mucha fuerza, y el resto se mueve entre buenos medios tiempos como Eyes as candles, Swimming in the flood o Seaweed song, con Sleepyhead rescatada del EP y muy bien colocada en noveno lugar.
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Peor todavía fue que el primer single del disco fuese The reeling, un auténtico temazo para bailar hasta desfallecer, que está muy por encima del resto del disco y que provocó unas expectativas desmesuradas difíciles de satisfacer.
Todavía presa de aquella primera desilusión, no consigo hacerme con el debut de estos chicos de Massachussets, a pesar de que el disco no deja de ser una interesante colección de buenos temas pop, en la que los primeros cuatro temas: Make light, Little secrets, Moth's wings y The reeling; entran con mucha fuerza, y el resto se mueve entre buenos medios tiempos como Eyes as candles, Swimming in the flood o Seaweed song, con Sleepyhead rescatada del EP y muy bien colocada en noveno lugar.
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Después de la repercusión que tuvieron con aquel grandioso Tiny telephone, The Sunday Drivers lo tenían complicado para superarse. Aquel disco no sólo estaba lleno de buenas canciones, sino que su disposición y duración hacía aún más grande el conjunto. Esa es una de las cosas que más se echa de menos en este nuevo trabajo, hay más canciones, algunas muy buenas, pero en conjunto el disco es más irregular, y melódicamente se nota cierto estancamiento en fórmulas un tanto manidas.
A pesar de todo, en el álbum hay suficientes canciones como para haber hecho un disco verdaderamente redondo, poniendo un poco más de esmero y exigencia en la selección final, entre las que se podría destacar My plan, I, Specially, (Hola) to see the animals o Passing you by; con las que demuestran que siguen teniendo talento para mezclar pop, folk y melodías inmediatas.
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A pesar de todo, en el álbum hay suficientes canciones como para haber hecho un disco verdaderamente redondo, poniendo un poco más de esmero y exigencia en la selección final, entre las que se podría destacar My plan, I, Specially, (Hola) to see the animals o Passing you by; con las que demuestran que siguen teniendo talento para mezclar pop, folk y melodías inmediatas.
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Jen Stark es una joven artista estadounidense a la que la falta de recursos económicos le llevó a comprar el material más barato, surtidos de papel de colores.
A partir de ahí todo es creatividad para construir infinidad de esculturas geométricas a base de cortar, plegar y pegar láminas de papel con formas que crecen o decrecen progresivamente, dando una gran sensación de profundidad y siempre con la variedad de colorido como principal ingrediente.
A estas esculturas también se añaden sus pinturas que, aunque no tan originales, siguen siendo igual de coloristas.
[visto en Web designer depot]

Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Michael Jackson, Robert Smith... son sólo algunos de los famosos que ha retratado Erika Iris Simmons (iri5 en flickr) utilizando viejos cassettes. Que el arte es reciclaje lo tenía claro, pero esto roza lo sublime.
Además de músicos surgidos de cassettes, en su álbum Ghost in the machine podemos encontrar retratos de estrellas del cine realizados con rollos de celuloide, como Audrey Hepburn o Alfred Hitchcock. La artista también realiza obras reciclando trozos de revistas y libros viejos con la técnica del collage, como podemos ver en su álbum Remixed.
Todo un descubrimiento.
[visto en abduzeedo]
En un 2009 marcado por la falta, según mi opinión, de discos imprescindibles, el segundo trabajo de Francisco Nixon ha sido una especie de refugio al que he vuelto en incontables ocasiones desde que lo descubrí.
Francisco Nixon es en realidad el proyecto en solitario de Francisco Javier Fernández Martínez, miembro de Australian Blonde y La costa brava, aunque suele colaborar con Ricardo Vicente Lorenzo, también miembro de La costa brava y ex-miembro de Tachenko, todos parte de ese miniuniverso de músicos y proyectos que se formaron alrededor de la sombra del mítico grupo El niño gusano.
Las canciones de Francisco Nixon se mueven entre el pop y el folk, en un conjunto de temas en el que no sobra ninguna canción y en el que el orden cuidado hace de éste, uno de esos discos perfectos para escuchar de principio a fin. Un trabajo musicalmente genial, acompañado por unas más geniales letras, entre lo costumbrista y lo metafórico.
Es complicado destacar algunos temas por encima de otros, quizás me quedo con las historias que cuenta en Inditex, Erasmus borrachas o Brackets, auténticas odas a las mujeres, ya sean dependientas de una tienda de ropa, estudiantes extranjeras o acomplejadas necesitadas de ortodoncias; pero realmente el resto de canciones no desmerecen en absoluto; y musicalmente sorprenden temas como Los viajes de Simbad o Mereces toda mi atención.
Parece que con este segundo trabajo, se consolida un proyecto que empezó hace tres años con Es perfecta, un magnífico debut. Ojalá tengamos Francisco Nixon para rato.
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Francisco Nixon es en realidad el proyecto en solitario de Francisco Javier Fernández Martínez, miembro de Australian Blonde y La costa brava, aunque suele colaborar con Ricardo Vicente Lorenzo, también miembro de La costa brava y ex-miembro de Tachenko, todos parte de ese miniuniverso de músicos y proyectos que se formaron alrededor de la sombra del mítico grupo El niño gusano.
Las canciones de Francisco Nixon se mueven entre el pop y el folk, en un conjunto de temas en el que no sobra ninguna canción y en el que el orden cuidado hace de éste, uno de esos discos perfectos para escuchar de principio a fin. Un trabajo musicalmente genial, acompañado por unas más geniales letras, entre lo costumbrista y lo metafórico.
Es complicado destacar algunos temas por encima de otros, quizás me quedo con las historias que cuenta en Inditex, Erasmus borrachas o Brackets, auténticas odas a las mujeres, ya sean dependientas de una tienda de ropa, estudiantes extranjeras o acomplejadas necesitadas de ortodoncias; pero realmente el resto de canciones no desmerecen en absoluto; y musicalmente sorprenden temas como Los viajes de Simbad o Mereces toda mi atención.
Parece que con este segundo trabajo, se consolida un proyecto que empezó hace tres años con Es perfecta, un magnífico debut. Ojalá tengamos Francisco Nixon para rato.
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Gregor Collienne es un fotógrafo alemán que trabaja principalmente en publicidad. En su portfolio podemos encontrar una muestra representativa de sus fotografías tanto profesionales como personales.
En concreto me ha llamado la atención esta serie de fotografías donde maneja conceptos, escenas y grupos de música.
[visto en Abduzeedo]
David Mascha es un diseñador, artista e ilustrador austriaco cuyas ilustraciones, basadas en tipografías y formas, me recuerdan a obras de Kandinsky y otros artistas del constructivismo y neoplasticismo.
Llevadas a productos como mesas, lámparas o portadas de discos, o bien como obras gráficas independientes, y con un estilo bastante marcado y coherente, me gusta el uso que hace de los colores y la composición de las formas.
[visto en Abduzeedo]
Los chicos de Delorean no parecen del todo contentos con el resultado de este EP. Cualquiera lo diría, porque con sólo cuatro canciones han dado el pelotazo, en Pitchfork puntuaron el tema Seasun con un 9, y han terminado de confirmarse y posicionarse internacionalmente, siendo hoy por hoy el grupo español más exportable que tenemos.
Seasun aparte, Deli, el segundo tema, se ha convertido hoy por hoy en la canción estandarte de estos guipuzcoanos afincados en Barcelona, pero es que los otros dos temas que completan el EP, Big Dipper y Moonson, no se quedan atrás. La extraña evolución de este grupo, que les ha llevado de emuladores de The cure a reyes de la electrónica patria, pasando por un breve periodo de post-punk y new-rave, parece estar asentándose, aunque lo cierto es que desde que empezaron no han sacado un disco igual al anterior.
De momento han fichado con el sello Mushroom Pillow, y en marzo publicarán Subiza, un nuevo largo con el que parece que darán continuidad y perfeccionarán su sonido actual, que bebe directamente de los inicios del house, con pianos, cuerdas, guitarras y los pertinentes subidones.
En definitiva, una delicia de EP que esperemos que sea el preludio de una delicia de LP.
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Seasun aparte, Deli, el segundo tema, se ha convertido hoy por hoy en la canción estandarte de estos guipuzcoanos afincados en Barcelona, pero es que los otros dos temas que completan el EP, Big Dipper y Moonson, no se quedan atrás. La extraña evolución de este grupo, que les ha llevado de emuladores de The cure a reyes de la electrónica patria, pasando por un breve periodo de post-punk y new-rave, parece estar asentándose, aunque lo cierto es que desde que empezaron no han sacado un disco igual al anterior.
De momento han fichado con el sello Mushroom Pillow, y en marzo publicarán Subiza, un nuevo largo con el que parece que darán continuidad y perfeccionarán su sonido actual, que bebe directamente de los inicios del house, con pianos, cuerdas, guitarras y los pertinentes subidones.
En definitiva, una delicia de EP que esperemos que sea el preludio de una delicia de LP.
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En 2006 se me escapó el debut de esta mujer con Fur and gold, entonces no estaba tan pendiente de la música nueva que salía, ni tenía este blog, ni había ido a casi ningún festival o concierto. Si a esto le unes que la propuesta de Natasha Khan (cabeza pensante tras Bat for lashes) no entra precisamente dentro de los cánones establecidos del típico hype británico, la cosa estaba más complicada para enterarse.
La han comparado con Björk, aunque yo no le he encontrado parecido más que en algunos giros vocales; y con PJ Harvey, aunque en general queda lejos del rock desgarrado de Polly Jean. Su música podría englobarse en una especie de electropop oscuro, un tanto etéreo y emocional.
Destacan temas como Glass, Sleep alone, Pearl's dream y, sobre todo, Daniel, single indiscutible del disco. Arropados por delicados temas a piano como Moon and moon, Travelling woman o The big sleep, cerrando el disco; oscuros temas folk como Peace of mind, con una guitarra desgarrada y un coro gospel de fondo, en el que sería su tema más emparentado con PJ Harvey; otros temas como Siren song o Good love, dos crescendos con una instrumentación basada en vientos; y temas más cercanos al trip-hop de Björk o Portishead, como Two planets.
Un disco bastante completo, con un sonido tranquilo y oscuro, perfecto para escuchar con auriculares en una de esas tardes frías y grises en las que apetece quedarse en casa.
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La han comparado con Björk, aunque yo no le he encontrado parecido más que en algunos giros vocales; y con PJ Harvey, aunque en general queda lejos del rock desgarrado de Polly Jean. Su música podría englobarse en una especie de electropop oscuro, un tanto etéreo y emocional.
Destacan temas como Glass, Sleep alone, Pearl's dream y, sobre todo, Daniel, single indiscutible del disco. Arropados por delicados temas a piano como Moon and moon, Travelling woman o The big sleep, cerrando el disco; oscuros temas folk como Peace of mind, con una guitarra desgarrada y un coro gospel de fondo, en el que sería su tema más emparentado con PJ Harvey; otros temas como Siren song o Good love, dos crescendos con una instrumentación basada en vientos; y temas más cercanos al trip-hop de Björk o Portishead, como Two planets.
Un disco bastante completo, con un sonido tranquilo y oscuro, perfecto para escuchar con auriculares en una de esas tardes frías y grises en las que apetece quedarse en casa.
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Hace un año que salió este disco y para muchos se convirtió desde ese preciso momento en el disco del 2009. Yo, que los tenía bastante recientes de su concierto en el Greenspace 2008, me imaginaba que algo así pasaría (Strawberry Jam, su anterior disco, había sido encumbrado de igual manera) y que se crearía un hype considerable a su alrededor.
Hace un año me preguntaba si tanta devoción y entusiasmo no respondía en gran parte a una pose o dogma modernil del estilo "me gustan porque me han de gustar". Hoy me lo sigo preguntando, y eso que Merriweather Post Pavilion es infinitamente más escuchable que Strawberry Jam.
Pocas son las críticas negativas que se han visto por ahí de este trabajo, el hype de la crítica ha funcionado bastante bien, y digo de la crítica, porque en cuanto al hype del público ya era bastante escéptico a finales del 2008, y lo sigo siendo ahora. Sólo Julián Ruíz se atrevió a despotricar sobre ellos hace unos días en Plásticos y Decibelios, y Jesús Miguel Marcos dejó caer veladamente que no le gustaban en la crítica a la uniformidad de las listas en los medios musicales que hizo en El detonador, su blog de Público.es. Pero en la gran mayoría de revistas y blogs especializados la unanimidad ha sido aplastante, dando la sensación de que si no ponías a Animal Collective en lo más alto del panorama musical, no eras nadie.
En fin, qué le vamos a hacer, no me ha gustado Merriweather Post Pavilion, a pesar de que tiene unos pocos temas destacables, agradables y/o rescatables, como My girls, Bluish, No more running y, sobre todo, Brother sport. Escuchar el disco entero me supone una tortura. Esa especie de tribalismo electrónico lleno de samples por doquier, algunos bastante exasperantes e inconexos, y unas voces en ocasiones bastante chirriantes e irritantes, no me convence, definitivamente.
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Hace un año me preguntaba si tanta devoción y entusiasmo no respondía en gran parte a una pose o dogma modernil del estilo "me gustan porque me han de gustar". Hoy me lo sigo preguntando, y eso que Merriweather Post Pavilion es infinitamente más escuchable que Strawberry Jam.
Pocas son las críticas negativas que se han visto por ahí de este trabajo, el hype de la crítica ha funcionado bastante bien, y digo de la crítica, porque en cuanto al hype del público ya era bastante escéptico a finales del 2008, y lo sigo siendo ahora. Sólo Julián Ruíz se atrevió a despotricar sobre ellos hace unos días en Plásticos y Decibelios, y Jesús Miguel Marcos dejó caer veladamente que no le gustaban en la crítica a la uniformidad de las listas en los medios musicales que hizo en El detonador, su blog de Público.es. Pero en la gran mayoría de revistas y blogs especializados la unanimidad ha sido aplastante, dando la sensación de que si no ponías a Animal Collective en lo más alto del panorama musical, no eras nadie.
En fin, qué le vamos a hacer, no me ha gustado Merriweather Post Pavilion, a pesar de que tiene unos pocos temas destacables, agradables y/o rescatables, como My girls, Bluish, No more running y, sobre todo, Brother sport. Escuchar el disco entero me supone una tortura. Esa especie de tribalismo electrónico lleno de samples por doquier, algunos bastante exasperantes e inconexos, y unas voces en ocasiones bastante chirriantes e irritantes, no me convence, definitivamente.
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